La soledad persigue, obsesiva y sigilosa
que el dolor con dolor no pueda mas.
Sabia y maliciosa,
escarba el alma,
mortifica vacíos,
manipula recovecos,
hace del hombre, interrogante poseso.
La soledad repta a la desosegada cumbre,
examina lo que hay, lo que puede ser,
y su presencia mágica cobija todo:
Rendijas de miedo.
Sonrisas congeladas.
Lágrimas torrenciales.
Manos vacías.
Pies cansados.
Mirada turbada .
Inocencia pertinaz.
Voluntad en receso.
Mañana, ayer…
tuyo, nuestro…
¡Que será de nosotros, tan humanos!
Y tan desvalidos…